Para empezar, pido disculpas a los fans del Hombre Hormiga que puedan sentirse ofendidos por mi desconocimiento casi completo acerca de todo cuanto rodea la historia de este personaje de la Marvel. Pero mis comentarios en este post están
absolutamente centrados en lo que he visto en pantalla y no en la trayectoria de Ant-Man en el cómic, en la que soy un absoluto profano. Espero que así se me disculpe un poco.
Mis expectativas con esta película eran nulas. No esperaba nada en concreto de ella, Ant-Man es un personaje que no me interesa y los tráilers no me habían generado hype alguno, así que
entraba con la mente libre para entretenerme y pasar un buen rato. Y lo cierto es que me he encontrado
una película entretenida, con un ritmo agradable y una duración ajustada a lo poco que da de sí el argumento. Pero amigos, con esta película Marvel confirma que se transformado en el patio de recreo de la Disney que la compró hace unos añitos, porque aun sin haber firmado nunca Marvel películas excesivamente adultas, el bueno del Hombre Hormiga ya supone un cambio de tono en toda regla. Me habían comentado que era como
Guardianes de la Galaxia (lo cual ya le gustaría...), pero viéndola, tres referentes muy claros me venían a la cabeza constantemente: la primera
Iron Man, por la estructura y el enfoque que se pretende dar al héroe protagonista;
Cariño, he encogido a los niños, aquella comedia familiar de Rick Moranis cuyo título ya lo dice todo; y por último
Toy Story. No diré por qué, puesto que sería entrar en el terreno del spoiler. Pero cuando veáis la película seguro que me entendéis. Curioso, no obstante, que en una película sobre un hombre con la habilidad de hacerse pequeño a voluntad y en la que los insectos y los entornos gigantescos (en comparación con el héroe) están siempre muy presentes,
no nos venga a la cabeza ni una sola vez ese gran clásico de la ciencia ficción que es El increíble hombre menguante (Jack Arnold, 1957). Pero todo el soplo de buena ciencia ficción que pudiera tener un personaje con un aire tan
vintage como es Ant-Man queda transformado en
un trasunto de Iron Man venido a menos, muchísimo menos molón
e infinitamente menos carismático que el Tony Stark de Dawney Jr.
"¿Que me dais un papel protagonista de la Marvel? ¿Really? ¿Pero por qué?"
Y es que el protagonista,
Paul Rudd, es de lo más soso que se ha paseado por las películas de Marvel desde el
Daredevil de Ben Affleck. Uno se plantea si Rudd no será sobrino de alguien, porque no aporta nada a la película ni al personaje como para merecer estar ahí. Y si hablamos de un héroe tan desconocido y a priori ridículo para el público no fan (como es mi caso), ¿no habría sido mejor echar mano de un actor con gancho que le diera al papel y a la cinta el punch que necesitaba? Rudd no lo consigue, y como muestra de ello
el protagonismo está muy repartido entre él, Michael Douglas (que incluso en una peli como esta consigue ser un buen actor),
y una guapísima Evangeline Lilly que se ha encontrado de repente metida en el Universo Marvel. Y es que Rudd no habría podido él solo con el peso de la película por escaso que éste sea, por más que se hayan empeñado en que su personaje sea entrañable, que nos caiga bien y que esté soltando chascarrillos escena sí, escena también como Iron Man nos tiene acostumbrados...
porque sencillamente, no es Iron Man.
Michael Douglas como Hank Pym o "cómo salvar una película gracias a un buen actor"
Además, todo en esta película me ha dado la sensación de ser una serie B dentro del Universo Marvel. Sí, hay muchas referencias a las películas anteriores. Y sí, hay una escena en la que Ant-Man se las ve cara a cara con un Vengador... Pero no esperéis a uno de los grandes, ni siquiera a uno de los medianos. La aparición "estelar" del representante de los Vengadores en esta película está a la altura de la película. Y lo entiendo. Cinco minutos del Capi, de Stark o incluso de Ojo de Halcón, habrían hecho que el ya escaso interés que nos despierta el Scott Lang de Paul Rudd se hiciera subatómico sin necesidad de activar el traje ni demás zarandajas.
En cuanto al villano, cuál no ha sido mi sorpresa al encontrarme un rostro conocido, al menos para mí. Nada menos que
Corey Stoll, protagonista de la estupenda serie de vampiros The Strain, basada en los no menos estupendos libros de Guillermo del Toro. Aunque solvente interpretativamente hablando y con un look a look a lo Lex Luthor que solo hace que hacer más daño aún a la opinión que despierta Jesse Eisenberg, el personaje de Stoll
no deja de ser una versión más joven del de Jeff Bridges en la primera Iron Man, y sus motivaciones resultan tan poco comprensibles como su look de supervillano a lo
Power Rangers. Hace que Ultrón como villano esté al nivel del Joker de Ledger, no os digo más.
Como puntos a favor,
los FX son bastante espectaculares, sin ser lo mejor que hemos visto en cines, pero el universo diminuto alrededor del miniaturizado Ant-Man está bien recreado y las legiones de hormigas (alguna de las cuales tiene incluso más carisma que Rudd) están muy bien hechas. Tampoco es que haya ninguna escena de acción sobrecogedora de las que te clava en la butaca o de las que te sorprende visualmente con algo nunca visto.
La acción es simplemente correcta, cumplidora en su función de entretener y muy de la mano con
un humor excesivo y más infantil y facilón que en las últimas películas de la Marvel. Y sobre la batalla final no puedo decir nada sin entrar en los spoilers, pero digamos únicamente que se
las arregla para ser vertiginosa, divertida y ridícula al mismo tiempo. Todavía no sé si pensar que es una genialidad o una tomadura de pelo, pero me vienen imágenes a la cabeza y me decanto por la opción dos.
Una hormiga (ant) llamada Anthony. Original de narices. Y aun así es de lo mejor de la película.
Con todo,
Ant-Man partía con la nada fácil tarea de conseguir que un personaje como este se hiciera atractivo para el espectador medio, aunque
jugaba con el respaldo de que Marvel ya tiene un público fiel y entregado. De lo contrario, si no existiera ya el rico universo que Marvel ha construido durante estos años, esta película habría sido impensable.
Ant-Man no innova, no arriesga, y juega con valores seguros repitiendo las fórmulas que tan bien le han funcionado a la Marvel, ofreciéndonos como resultado un cóctel en el que reconocemos los elementos, el tono, las bromas y hasta a los personajes (con otros trajes y otros nombres, claro), pero en el que
todo es más de segunda división. Hará buena taquilla, sí, venderá muchos muñecos y hasta conseguirá que muchos niños quieran una hormiga gigante como mascota. Pero más allá de eso,
deja menos poso que un vaso de agua. Es cine de superhéroes
fast food, de rápida engullida y más rápida expulsión. Satisfactorio en el momento pero producido en masa y sin mimo. Será que a mis años me gusta cada vez menos la comida rápida y más un buen plato de autor, pero yo ya he olvidado a esta hormiga.
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